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viernes, 1 de febrero de 2019

Qué es el analfabetismo espiritual

Te hemos indicado que es importante la lectura bíblica. Ahora, escuchaste alguna vez el término “analfabetismo espiritual”. 

Esto se refiere a la falta de comprensión, conocimiento o desarrollo en el ámbito espiritual. Es un fenómeno que se puede manifestar de diversas formas, pero en términos generales, describe la incapacidad de una persona para conectar de manera significativa con los aspectos trascendentes de la vida, ya sea en relación con Dios, las enseñanzas espirituales o las dimensiones más profundas del ser humano. Aunque el concepto de analfabetismo es comúnmente asociado con la incapacidad de leer y escribir, el "analfabetismo espiritual" implica una falta de comprensión de los principios espirituales que son esenciales para el crecimiento personal y colectivo.

1. La raíz del analfabetismo espiritual

En primer lugar, es importante entender que la espiritualidad no se limita a una religión o sistema de creencias específico. La espiritualidad, en su sentido más amplio, tiene que ver con la búsqueda de sentido, propósito y conexión con algo más grande que uno mismo. Para algunos, esto se manifiesta en la religión, mientras que para otros, puede estar más relacionado con una conexión profunda con la naturaleza, el universo o el desarrollo de una vida ética y moral.

El analfabetismo espiritual surge cuando una persona no ha sido expuesta adecuadamente a las enseñanzas que abordan esas dimensiones profundas de la vida o no ha tenido la oportunidad de reflexionar y madurar en su comprensión espiritual. Este fenómeno puede encontrarse tanto en personas que nunca han sido introducidas a las cuestiones espirituales como en aquellas que, habiéndolo sido, no han sido capaces de desarrollar una relación genuina con ellas. En la era contemporánea, los avances tecnológicos, la sobreabundancia de información y la secularización de la sociedad han hecho que muchas personas se distancien de la espiritualidad, sin que esto necesariamente implique una falta de educación formal.

2. Características del analfabetismo espiritual

El analfabetismo espiritual tiene varias facetas y puede expresarse en diversos comportamientos y actitudes. A continuación, se mencionan algunas de las características más comunes de este fenómeno:

a. Desconocimiento de las tradiciones espirituales o religiosas

Una persona con analfabetismo espiritual puede carecer de conocimientos básicos sobre las principales tradiciones religiosas del mundo o sobre las prácticas espirituales fundamentales. Esto incluye no solo el desconocimiento de doctrinas o textos sagrados, sino también la ignorancia sobre cómo las religiones y las filosofías espirituales abordan preguntas fundamentales como el propósito de la vida, el sufrimiento, la muerte, el bien y el mal, y la moralidad.

b. Falta de conciencia sobre la vida interior

El analfabetismo espiritual también puede manifestarse en una falta de atención al mundo interior de la persona. Esto significa una desconexión de las emociones, pensamientos y motivaciones más profundas que guían las acciones de una persona. Al no cultivar una conciencia interior, es difícil entender las propias reacciones ante la vida, lo que a menudo lleva a una existencia más superficial, centrada únicamente en los aspectos materiales o inmediatos de la vida.

c. Falta de prácticas espirituales o de reflexión profunda

Otra característica del analfabetismo espiritual es la ausencia de prácticas espirituales como la meditación, la oración, el estudio de textos sagrados, o la reflexión sobre el sentido de la vida. Estas prácticas son herramientas esenciales para fomentar el crecimiento espiritual y para conectar a las personas con su dimensión más trascendental. La falta de ellas puede conducir a una vida orientada exclusivamente por las preocupaciones materiales, la superficialidad o el hedonismo.

d. Fragmentación del sentido de la vida

Una persona espiritualmente analfabeta podría carecer de un sentido claro de propósito o dirección en la vida. Las respuestas a preguntas como "¿Por qué estamos aquí?" o "¿Qué es lo más importante en la vida?" pueden parecer ambiguas o confusas. Esta falta de claridad puede llevar a un sentimiento de vacío existencial o a la búsqueda de satisfacción en placeres efímeros, sin encontrar una satisfacción profunda y duradera.

e. Incapacidad para manejar el sufrimiento y la adversidad

La vida está llena de pruebas, sufrimiento y desafíos. Las tradiciones espirituales ofrecen herramientas para enfrentar el dolor, la pérdida, la enfermedad y las dificultades de la vida. Una persona con analfabetismo espiritual, sin embargo, puede carecer de la sabiduría necesaria para abordar estas experiencias de manera constructiva o significativa. En lugar de encontrar consuelo o comprensión, puede caer en la desesperación o en respuestas superficiales que no resuelven el sufrimiento de manera profunda.

3. Causas del analfabetismo espiritual

Las causas del analfabetismo espiritual son diversas y pueden variar según el contexto sociocultural, familiar o personal de cada individuo. Sin embargo, algunos factores comunes son:

a. La secularización de la sociedad

En muchas sociedades modernas, la religión y la espiritualidad han perdido influencia, especialmente en los ámbitos públicos y educativos. Las instituciones educativas y los medios de comunicación a menudo no abordan las cuestiones espirituales de manera profunda, lo que lleva a la desconexión de las nuevas generaciones con estos temas. La secularización promueve una visión del mundo centrada en lo material y en la lógica científica, sin dejar espacio para la exploración de las dimensiones espirituales.

b. La falta de educación espiritual en el hogar

En muchas familias, la espiritualidad o la religión no se enseñan de manera explícita o se abordan de forma superficial. Esto deja a muchos individuos sin las herramientas necesarias para explorar y comprender su vida interior, lo que lleva a una desconexión espiritual. Para muchas personas, la falta de una base espiritual sólida en la infancia se traduce en una falta de interés o comprensión en la edad adulta.

c. El consumismo y la cultura materialista

El enfoque predominante en la acumulación de riqueza, el éxito material y el placer inmediato puede desviar la atención de las personas de los aspectos más profundos de la vida. El consumismo no solo favorece el materialismo, sino que también puede promover una vida centrada en el "yo" y en la gratificación instantánea, en lugar de en el crecimiento espiritual, la reflexión o la conexión con algo más grande que uno mismo.

4. Consecuencias del analfabetismo espiritual

El analfabetismo espiritual puede tener consecuencias profundas en la vida de una persona. Entre ellas, destacan:

  • Vacío existencial: Sin una comprensión clara de su propósito en la vida, la persona puede experimentar un profundo vacío existencial, lo que la lleva a buscar satisfacción en actividades temporales o materiales.

  • Conflictos internos: La desconexión de la dimensión espiritual puede generar confusión, estrés y frustración, ya que la persona no cuenta con los recursos espirituales necesarios para enfrentar las dificultades de la vida.

  • Relaciones superficiales: La falta de una conexión profunda con uno mismo y con los demás puede hacer que las relaciones personales sean superficiales, carentes de empatía o de un verdadero amor incondicional.

5. Cómo superar el analfabetismo espiritual

Superar el analfabetismo espiritual implica un proceso de educación, reflexión y práctica. Algunas formas de hacerlo incluyen:

  • Estudio de textos sagrados y filosóficos: Leer la Biblia, el Corán, el Bhagavad Gita, o cualquier texto sagrado o filosófico que promueva la reflexión sobre el propósito y el sentido de la vida.

  • Prácticas espirituales diarias: La meditación, la oración, la reflexión y el servicio a los demás son prácticas que pueden ayudar a desarrollar una vida espiritual más rica y profunda.

  • Buscar mentoría espiritual: Guiarse por personas sabias o líderes espirituales que puedan proporcionar orientación y apoyo.

  • Reflexión sobre la vida y la muerte: Preguntarse sobre el propósito de la vida, el sufrimiento y el destino humano es una forma de despertar a una mayor conciencia espiritual.

Esto es un fenómeno que va más allá de la ignorancia religiosa. Se trata de una desconexión profunda con los aspectos trascendentales de la vida, que afecta el bienestar emocional, social y espiritual de las personas. Sin embargo, es posible superar este analfabetismo mediante la educación, la práctica espiritual y la reflexión profunda sobre el sentido de la vida.

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sábado, 19 de enero de 2019

Lee la Biblia diariamente

La lectura de la Biblia ofrece una serie de beneficios que abarcan diferentes aspectos de la vida humana, tanto espirituales como emocionales, mentales y sociales. 
Como texto sagrado de la tradición judeocristiana, la Biblia no solo proporciona enseñanzas religiosas, sino que también tiene un impacto profundo en la formación del carácter, la moral, el bienestar y el sentido de vida de aquellos que la leen con una actitud abierta y receptiva. 
A continuación, exploraremos en detalle algunos de los beneficios más importantes de leer la Biblia.

1. Conexión con Dios y crecimiento espiritual

Uno de los beneficios más evidentes de leer la Biblia es la conexión que facilita con Dios. Para los creyentes, la Biblia es la palabra revelada de Dios, un medio a través del cual pueden conocer más profundamente su voluntad, sus enseñanzas y su carácter. Al leer las Escrituras, las personas se acercan a Dios y pueden experimentar una mayor intimidad con Él. La oración, que a menudo acompaña a la lectura bíblica, también es un medio fundamental para fortalecer esa relación.

Además, la lectura constante de la Biblia contribuye al crecimiento espiritual al proporcionar una guía clara para la vida cristiana. Los pasajes bíblicos enseñan a los creyentes cómo vivir de acuerdo con los principios divinos, cómo superar las dificultades de la vida, y cómo cultivar virtudes como la paciencia, la humildad, el amor, el perdón y la fe. La Biblia también sirve como un espejo que refleja los pensamientos y actitudes del corazón, invitando a la persona a reflexionar y a corregir cualquier aspecto de su vida que no esté alineado con la voluntad de Dios.

2. Sabiduría y discernimiento

La Biblia es un libro que ofrece sabiduría divina. A través de los Proverbios, los Salmos y otros libros de sabiduría, los lectores encuentran consejos prácticos sobre cómo vivir de manera justa, tomar decisiones sabias y manejar las relaciones interpersonales. Por ejemplo, el libro de Proverbios está lleno de enseñanzas sobre cómo manejar el dinero, cómo tratar a los demás con respeto, cómo hablar sabiamente y cómo evitar los peligros del pecado.

La sabiduría bíblica también es aplicable a las decisiones difíciles que se enfrentan en la vida diaria. Las Escrituras ofrecen principios atemporales que pueden ayudar a las personas a discernir la mejor manera de actuar en situaciones complejas. Por ejemplo, el Sermón del Monte, pronunciado por Jesús en el evangelio de Mateo, proporciona enseñanzas sobre la humildad, el amor a los enemigos, la paz y la justicia, principios que siguen siendo fundamentales para guiar las decisiones morales y éticas.

Leer la Biblia regularmente ayuda a cultivar la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo que es justo y lo que no lo es, no solo en un contexto religioso, sino también en las decisiones cotidianas. La influencia de la sabiduría bíblica en la vida de una persona puede ser profunda, ya que promueve una toma de decisiones basada en principios sólidos y en la moralidad cristiana.

3. Consuelo y esperanza en tiempos de dificultad

La vida está llena de desafíos, adversidades y sufrimientos. La Biblia ofrece consuelo en momentos de angustia, dolor y desesperación. Los Salmos, en particular, son conocidos por expresar las emociones humanas en su forma más pura, desde la angustia y el lamento hasta la alabanza y la gratitud. Estos pasajes brindan una sensación de cercanía con Dios, quien no es indiferente a los sufrimientos de sus hijos.

El Nuevo Testamento también ofrece muchas promesas de consuelo y esperanza, especialmente en los escritos de Pablo. En 2 Corintios 1:3-4, por ejemplo, se habla de cómo Dios nos consuela en nuestras tribulaciones para que, a su vez, podamos consolar a otros que atraviesan dificultades similares. Esta idea de un consuelo que se comparte con los demás tiene un poder sanador tanto para quienes lo reciben como para quienes lo brindan.

En situaciones de desesperanza, los versículos bíblicos pueden servir como un recordatorio de que Dios está presente en todo momento, incluso en medio del dolor, y que sus promesas de vida eterna y restauración están más allá de cualquier sufrimiento temporal. La lectura diaria de la Biblia puede proporcionar una perspectiva más profunda sobre las dificultades, ayudando a las personas a mantener la esperanza, la fe y la paz interior.

4. Transformación del carácter y la conducta

Uno de los beneficios más trascendentales de leer la Biblia es la transformación interna que puede producir. El proceso de leer las Escrituras de manera constante permite que las palabras de la Biblia penetren en el corazón y la mente del lector, influyendo en su carácter, en sus deseos y en sus actitudes. En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos a no conformarse a los patrones de este mundo, sino a ser transformados por la renovación de sus mentes (Romanos 12:2). Esta transformación no es superficial; afecta la esencia misma del ser humano.

Al leer la Biblia, los creyentes son desafiados a vivir de acuerdo con altos estándares morales y espirituales. Los principios y mandamientos contenidos en las Escrituras ayudan a las personas a abandonar viejos hábitos negativos y a desarrollar virtudes como la honestidad, la generosidad, la paciencia, la mansedumbre y el autocontrol. Este proceso de transformación lleva tiempo, pero los resultados son evidentes en una vida que refleja los frutos del Espíritu Santo, tales como el amor, la alegría, la paz, la bondad, la fe y la templanza (Gálatas 5:22-23).

Además, la lectura de la Biblia también permite que los creyentes confronten sus propios errores y pecados, promoviendo un proceso de arrepentimiento y restauración. La Biblia no solo señala lo que está mal, sino que también muestra el camino hacia la restauración y el perdón a través de la fe en Jesucristo.

5. Fomento de la paz interior y la estabilidad emocional

Otro beneficio importante de leer la Biblia es la paz interior que se puede experimentar al meditar en sus enseñanzas. En Filipenses 4:6-7, Pablo exhorta a los creyentes a no preocuparse por nada, sino a presentar sus peticiones a Dios con acción de gracias, y promete que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y mentes en Cristo Jesús.

La lectura de la Biblia tiene un impacto positivo en el bienestar emocional. Al estar expuestos a la sabiduría divina, los lectores pueden encontrar respuestas a las preguntas existenciales sobre la vida, el sufrimiento y la muerte. La comprensión de que la vida tiene un propósito eterno y que hay un Dios soberano que controla todos los aspectos del universo brinda una sensación de estabilidad y tranquilidad, incluso en medio de circunstancias turbulentas.

Los pasajes bíblicos pueden ayudar a las personas a manejar el estrés, la ansiedad y las preocupaciones diarias. Además, el acto de leer y meditar en las Escrituras a menudo se acompaña de oración, lo que permite que las personas entreguen sus cargas a Dios y encuentren descanso en su presencia. Así, la Biblia se convierte en un recurso invaluable para mantener una mente sana y una vida emocional equilibrada.

6. Fomento de la unidad y la armonía social

La Biblia también tiene un impacto positivo en las relaciones interpersonales y en la comunidad. Sus enseñanzas sobre el amor al prójimo, el perdón y la reconciliación son fundamentales para la vida en sociedad. El mandato de Jesús de amar a los demás como a uno mismo (Mateo 22:39) es un principio poderoso que, cuando se sigue, puede promover la unidad y la paz tanto en las familias como en las comunidades y sociedades en general.

Además, la Biblia ofrece principios sobre cómo resolver conflictos, cómo vivir en armonía con los demás y cómo actuar con compasión hacia los necesitados. Los creyentes que aplican estos principios en su vida cotidiana pueden contribuir a crear un entorno de respeto, justicia y amor.

Corolario

¿Puedo vivir mejor si leo la Biblia? Sí, dado que los beneficios de leer la Biblia son vastos y profundos. Desde una mayor conexión con Dios hasta la sabiduría práctica para la vida diaria, pasando por el consuelo en tiempos de dificultad, la transformación del carácter, la paz interior y la unidad social, la lectura constante de las Escrituras tiene un impacto duradero en la vida de aquellos que se sumergen en ella. 

La Biblia es mucho más que un libro sagrado: es una guía vital que puede transformar cada aspecto de la vida humana, promoviendo la salud espiritual, emocional y mental. Aquellos que leen y aplican sus enseñanzas experimentan una vida más rica, más significativa y más alineada con los propósitos divinos.

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jueves, 18 de enero de 2018

Es posible con la fe

 “La fe no hace que las cosas sean fáciles, hace que sean posibles”. Esta frase, atribuida a una variedad de fuentes, encapsula una profunda verdad acerca de la naturaleza de la fe y su relación con los desafíos de la vida. Vivir con fe no implica que la vida será un camino sin obstáculos ni dificultades, sino que nos da la fuerza para enfrentarlos, aprender de ellos y seguir adelante. La fe no elimina los problemas, pero nos proporciona la confianza necesaria para superarlos, convirtiendo lo aparentemente imposible en alcanzable.

La naturaleza de la fe

Para comprender completamente esta afirmación, es importante entender qué es la fe. A menudo asociamos la fe con las creencias religiosas, pero la fe es mucho más que una cuestión espiritual. La fe es la confianza en algo más grande que nosotros mismos, la creencia en la posibilidad de un futuro mejor, la esperanza que nos impulsa a continuar incluso cuando todo parece perdido. La fe puede estar centrada en una causa, en una persona, en un propósito o incluso en nosotros mismos.

La fe no significa simplemente esperar que las cosas se resuelvan solas. Al contrario, la fe implica acción, valentía y la disposición de enfrentarnos a lo desconocido, a pesar de que el camino sea incierto. Es la convicción de que, aunque no siempre podamos controlar los resultados, siempre hay una forma de avanzar. La fe es el combustible que nos impulsa cuando el esfuerzo parece inútil, y la visión que nos guía cuando la oscuridad parece envolvernos.

La fe no elimina los obstáculos

Una de las ideas erróneas más comunes acerca de la fe es que, si tenemos fe suficiente, nuestras vidas serán más fáciles. Creer que la fe trae consigo la ausencia de dificultades es un mito peligroso. En realidad, la fe no elimina los obstáculos de nuestro camino, pero nos da las herramientas para enfrentarlos con fortaleza y esperanza. La vida está llena de momentos difíciles: enfermedades, pérdidas, fracasos y desafíos que nos ponen a prueba. La fe no hace que estos momentos desaparezcan, pero nos da la perspectiva y la resistencia necesarias para sobrellevarlos.

Cuando nos enfrentamos a circunstancias dolorosas, la fe nos permite ver más allá del sufrimiento inmediato. Nos ayuda a entender que, aunque el dolor es real, no define nuestra existencia. Nos recuerda que las dificultades son solo una parte del viaje, no el destino final. La fe nos permite seguir adelante incluso cuando todo parece perdido, confiando en que el esfuerzo valdrá la pena, incluso si no sabemos cómo o cuándo se resolverá la situación.

La fe transforma lo imposible en posible

La verdadera belleza de la fe radica en su capacidad para hacer que lo imposible sea posible. Esto no significa que, si tenemos fe, todo se resolverá mágicamente, sino que la fe nos da la fuerza interior y la motivación para seguir adelante cuando las probabilidades están en nuestra contra. Nos enseña que, a veces, lo que parece un obstáculo insuperable puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, si tenemos la disposición de no rendirnos.

Tomemos el ejemplo de grandes figuras de la historia que, con su fe inquebrantable, fueron capaces de cambiar el curso de la humanidad. Nelson Mandela, por ejemplo, pasó 27 años en prisión, luchando contra el sistema del apartheid en Sudáfrica. A pesar de las condiciones extremas y de la persecución constante, su fe en la justicia, en la igualdad y en la capacidad de su pueblo para cambiar la situación lo mantuvo en pie. No fue un camino fácil, pero su fe en la posibilidad de un futuro mejor hizo que lo aparentemente imposible fuera alcanzable.

De manera similar, figuras como Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr. y otros líderes que lucharon por los derechos civiles en todo el mundo demostraron que la fe, combinada con la acción, puede superar enormes obstáculos. No tenían garantías de éxito, pero su fe en la justicia y en la capacidad del ser humano para evolucionar los impulsó a seguir luchando. La fe no les prometió que las cosas fueran fáciles, pero les dio la convicción de que, a pesar de la lucha, el cambio era posible.

La fe nos motiva a actuar

Es importante destacar que la fe no es solo una actitud pasiva de esperanza; es una fuerza activa que nos impulsa a actuar. Vivir con fe significa tomar pasos concretos hacia nuestras metas, a pesar de las dudas o dificultades que puedan surgir. La fe en uno mismo, en los demás o en un propósito nos da el coraje para actuar, incluso cuando los resultados no son seguros. Es la convicción de que, aunque no tengamos todas las respuestas, debemos seguir adelante.

Sin esta acción, la fe se queda como una idea abstracta, una creencia que no tiene un impacto real en nuestra vida. La fe debe ir acompañada de esfuerzo y dedicación. Si creemos que podemos lograr algo, entonces debemos trabajar para conseguirlo. La fe no es un sustituto del trabajo duro, la perseverancia o la preparación. Más bien, es lo que nos permite seguir avanzando cuando los resultados no son inmediatos, cuando los esfuerzos no parecen dar frutos y cuando la tentación de rendirse es fuerte.

Fe en uno mismo: la clave para lo posible

Vivir con fe también implica tener fe en uno mismo. Muchas veces, los mayores obstáculos que enfrentamos no son los externos, sino los internos. Las dudas, los miedos y la falta de confianza en nuestras propias capacidades pueden ser mucho más desalentadoras que cualquier desafío externo. La fe en uno mismo es fundamental para superar estos obstáculos internos.

Tener fe en uno mismo no significa ser arrogante o creer que siempre tendremos éxito sin esfuerzo. Significa, más bien, confiar en nuestra capacidad para aprender, adaptarnos y mejorar a lo largo del tiempo. Significa creer que somos lo suficientemente fuertes como para superar nuestras fallas y que, aunque no siempre tengamos el control, tenemos la capacidad de enfrentar las circunstancias con resiliencia. La fe en uno mismo nos da la valentía para seguir adelante incluso cuando las probabilidades están en nuestra contra.

Fe en los demás: el poder de la comunidad

La fe también se extiende a los demás. Vivir con fe implica creer en la capacidad de los otros, en su bondad y en su potencial para contribuir al bienestar común. La fe en los demás nos permite construir comunidades de apoyo, donde el esfuerzo conjunto puede hacer posible lo que individualmente sería impensable.

El poder de la comunidad radica en el hecho de que, cuando confiamos y apoyamos a los demás, no solo nos fortalecemos, sino que también compartimos el peso de los desafíos. La fe en los demás nos permite crear un entorno de colaboración y esperanza, donde lo imposible se convierte en alcanzable a través del trabajo en equipo y el apoyo mutuo.

Corolario

¿Es posible con la fe?, sí, lo es, y esto encapsula una de las lecciones más poderosas que podemos aprender en la vida. La fe no es una solución mágica que elimina los problemas o hace que todo sea perfecto. Pero la fe tiene el poder de transformar lo imposible en posible, dándonos la fuerza para superar obstáculos, mantenernos firmes en nuestras creencias y seguir adelante con esperanza y determinación. La fe nos invita a actuar, a no rendirnos ante las dificultades y a creer en un futuro mejor, incluso cuando las circunstancias no nos dan razones inmediatas para esperar. Al vivir con fe, encontramos la capacidad de hacer posible lo que en algún momento parecía fuera de nuestro alcance.

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